La última de 2025
Diario de un horror nerd.
A las puertas de que acabe 2025, era obvio que os iba a traer un repaso a este año. Doce meses en los que, según Letterboxd he visto 575 películas. Juraría que nunca había visto tanta igual que digo que muchas las he olvidado. Ha habido una buena cosecha de terror y, pese a que con Scream Queer Fanzine he intentado hablar de lo que me ha ido gustando, ha sido imposible reseñar todo lo que he visto. Así que me despido del año con algunas recomendaciones que no encontraréis en mi lista de Letterboxd de lo mejor de 2025. Me he roto la cabeza ordenando un TOP 36 bastante curioso, en el que además de estar los títulos de género de los que todo el mundo ha hablado este año, he incluído algunas pequeñas joyitas a las que no podéis perderle la pista.
Una de ella es The Ice Tower, lo último de Lucile Hadžihalilović, una genia fascinante cuya filmografía me lleva volando la cabeza desde hace años. La directora sigue explorando el coming of age, una de sus temáticas favoritas y que mejor se le dan, junto a aquello de mostrar el reverso oscuro de los cuentos. Su anterior película, Earwig, era una especie de fairy tale oscuro y rarísimo sobre una adolescente con los dientes de hielo. Antes, había tratado la maternidad en clave sci-fi surrealista en Evolution, y la pérdida de la inocencia (rituales mediante) en un internado femenino en Innocence. Ahora, tomando como punto de partida La reina de las nieves de Hans Christian Andersen, nos lleva hasta los años setenta para narrar el relato de fascinación de Jeanne, una joven que se ha escapado de su orfanato en los Alpes y encuentra refugio en el set de rodaje donde se está llevando a cabo una adaptación de dicho cuento, protagonizado por la gélida y misteriosa Cristina, a quien encarna Marion Cotillard y quien será objeto del deseo de la huérfana. Entre ambas, se establecerá una relación un tanto extraña, en la que Hadžihalilović utiliza los códigos del cine dentro del cine y las fugas al fantástico para dar forma a su propuesta.
Queda dicho que no estamos ante versión de terror de Frozen, algo que no hubiese sido descabellado teniendo en cuenta que este año han habido varias de estas. Los cuentos infantiles siguen sirviendo como fuente para el imaginario del fantástico y el horror contemporáneos, ya sea con The Ice Tower o con el montón de referentes que han circulado por nuestras pantallas. Desde la tía Gladys (y el arquetipo de la bruja) de Weapons siendo una reformulación de El flautista de Hamelín (de pequeño, tenía una colección de cuentacuentos en cintas de cassette y, este y El soldadito de plomo, me daban absoluto terror), a la tremenda y desoladora Peter Pan: Pesadilla en Nunca Jamás, parte del Poohniverse (el Twisted Childhood Universe, o esa serie de películas con personajes que han pasado a ser de dominio público) en la que Campanilla es una heroinómana transexual. Esta fue la Black Phone buena. Si queréis seguir indagando en esta franquicia, recomiendo (de manera no irónica) Bambi: La venganza, un eco-terror con ciervo rabioso y sanguinario. Las dos películas de Winnie the Pooh os las podéis ahorrar.
Siguiendo con las adaptaciones oscuras de cuentos, y sin hacer spoilers porque se trata de un estreno muy reciente, Keeper, la nueva película de Osgood Perkins con Tatiana Maslany se puede considerar una adaptación de uno bastante macabro. Si todavía no la has visto, no le des al enlace. Y si lo has hecho, supongo que estarás de acuerdo conmigo en que se parece a este.
Otra directora que siempre tiene algo interesante que contar, y que también va contracorriente, es la parisina Julia Ducournau. Tras dejar en shock a todo el mundo con Crudo y Titane (por la que consiguió ser la segunda mujer en la historia en ganar la Palma de Oro en Cannes a la Mejor Dirección), con Alpha vuelve a hacerlo y quizá con su título más desgarrador. Una fábula de corte casi apocalíptico acerca de la epidemia del VIH, en la que abrazar el fantástico por la forma en la que los portadores del virus y los estragos que este hace en su cuerpo, son representados. Un portento de película cuyo punto de partida es la llegada de Alpha (una chica de 13 años) a su casa, con un tatuaje que se va a acabar infectando. La convivencia con un tío heroinómano y la lucha incesante de su madre, una médico especialista, forman un trío de protagonistas cuyas vidas se verán atravesadas por el duelo y el estigma.
La televisión que queremos
No, no voy a reivindicar La casa de los gemelos, lo siento. Solo diré que me fascina que La Marrash haya llegado al mainstream. El lumpen dinamitando el heteropatriarcado desde dentro, como debe ser.
No me quiero cansar de recomendar algunas de las series que hemos visto estas últimas semanas. Empiezo con Pluribus, la ficción de Apple que parte de una premisa en sintonía con La invasión de los ladrones de cuerpos, sobre una escritora infeliz convertida en la que parece ser la última esperanza para la humanidad. Con el tagline “La felicidad es contagiosa”, y servida de un montón de ironía y humor negro, la serie de nueve episodios (ahora toca esperar a la segunda temporada) es idea de Vince Gilligan, creador de Breaking Bad y Better Call Saul. Rhea Seehorn es Carol Sturka, la autora de una saga literaria de fantasía y romance oscuro, la cual aborrece más que a los hombres. Una lesbiana revolucionándose contra la nueva humanidad y queriendo dinamitarlo todo, es lo que la televisión de 2025 necesitaba.
Hablando de representaciones, no podía dejar pasar el hablar del momento de Stranger Things. Ese momento que ha llenado las redes de memes y que tiene que ver con la salida del armario del personaje de Will, confesando que es gay. Algo que ya todas sabíamos y que se corona como uno de los outings más vergonzosos que recuerdo. Está bien tener representación, pero lo de esa escena es bochornoso (y más sabiendo que tardaron dos jornadas de 12 horas en hacerla por culpa del actor que lo interpreta, el siempre mediocre y maldito sionista de Noah Schnapp).
Otra de las sensaciones a la que nos hemos sumado es a la de Palm Royale (también en Apple). Una delicia culebronesca que me está recordando al espíritu de Mujeres desesperadas, con Kristen Wiig como Maxine Dellacorte-Simmons, una recién llegada al Palm Beach de 1969 dispuesta a conseguir un puesto en la elitista alta sociedad, plagada de mujeres millonarias, traficantes y viudas negras. Cliffhangers loquísimos, Ricky Martin, una villana brillante y todo el gay service que nos merecemos. Ryan Murphy: toma nota de cómo se hace sin caer en el ridículo.
Me despido hasta dentro de un par de semanas, deseandoos que tengáis un muy buen 2026 y agradeciendo a todas las que habeís estado conmigo este año y hemos compartido momentos. En especial a Lucas, a mis amigas con las que tantas risas hemos pasado y a mis tres compañeras de Walpurgis. Porque lo que está por venir, sí que van a ser un montón de éxitos.
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Por si queréis echarle un vistazo a mis pelis favoritas del año, aquí tenéis la lista. También podéis seguirme en Instagram, TikTok y X.
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